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miércoles, junio 29, 2011

Humanismo cívico II


Humanismo cívico II

El humanismo cívico sólo luce utópico a quienes le endosan su libertad de pensamiento a las élites de tecnócratas

- Fernando Chumaceiro / Exalcalde de Maracaibo - - 29/06/2011 00:00 29

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El humanismo cívico replantea la necesidad de considerar que la configuración de la vida social y política de las naciones es competencia de los ciudadanos y no el monopolio de la tecnoestructura, es decir, el Estado o el mercado. Este postulado tiene una marcada base ética, pues pone el énfasis del protagonismo en los ciudadanos y en la sociedad, arrebatándosela de las manos a las clases políticas, a los burócratas y a la "mano invisible" del mercado.

El riesgo de este postulado está en el mal uso que los ciudadanos hagan del ejercicio de su libertad, pero en todo caso, es un riesgo menor que el de poner en manos de unos "iluminados" o de un sector de la sociedad, sea civil, militar o "cívico-militar", el poder de pensar y decidir por los demás.

Como se ha dicho "la ética sabe los riesgos que asume, mientras que la técnica asume riesgos sin saberlo". El humanismo cívico sólo luce utópico a quienes le endosan su libertad de pensamiento a las élites de tecnócratas, renunciando al ejercicio pleno de su propia responsabilidad.

El enfoque del humanismo cívico es eminentemente ético. Desde esta perspectiva se enfocan temas esenciales a la filosofía política, como el de la democracia y ciudadanía, entre muchos otros.

Sólo en democracia pueden los individuos decidir razonablemente los caminos hacia el futuro, toda vez que los gobiernos se eligen para que administren el presente, pero nunca para que definan el futuro.

No está de más recordar que la democracia es el único régimen político en el que es posible llevar a la práctica el humanismo cívico, porque su base no es la técnica, sino la ética, aunque esta puede y debe servirse de aquellas en todo cuanto sea necesario para implementar los conceptos que defina. Es oportuno recordar que el humanismo cívico no es, ni puede ser considerado, una forma de pensamiento único, pues reconoce y admite la existencia del pluralismo ético, el cual es admitido en el juego de las ideas, dentro del espacio público, cuya mayor solidez viene dada por el hecho de abrirle la puerta a las ideas, por muy contradictorias que sean.

El humanismo cívico espera a los venezolanos en algún recodo de la historia inédita. Si el presente pertenece a la autocracia, el futuro es de la libertad.

miércoles, abril 13, 2011

humanismo transformador


POLÍTICA

Ven-T explica su filosofía del humanismo transformador

12/04 · 18:29 · Jose Antonio Benítez Macías
Delante de su sede.
  Delante de su sede. · Autor: Macías
El grupo independiente Ven-T aprovechó su última comparecencia pública para hacer un alegato de que lo llama humanismo transformador como la filosofía que inspira este proyecto político. De su lectura se encargó Karmel Iborra:

“Nuestro principal lema, y el que nos hace diferentes de otros partidos políticos, es que nosotros ponemos el énfasis en las palabras: Humanismo Transformador. Pero ¿qué significa esto realmente?
En oposición a otras bases políticas y burocráticas, nuestro proyecto centra su atención directamente en la persona, atendiendo a sus necesidades reales, no sólo las físicas, sino también las psicológicas, éticas, sociales, culturales y anímicas, devolviéndole la confianza en sí mismo ante el conocimiento de lo que realmente es, haciéndole además responsable de su propia vida mediante una profunda visión holística del ser humano. Todo ello debe moverse desde la libertad y la conciencia.

El Humanismo Transformador nos da la oportunidad de ver el cambio de nuestra sociedad avanzando hacia la libertad con responsabilidad, libertad que cada día se nos recorta de diferentes formas y con distintas argucias. Estamos siendo gobernados por personas que han olvidado su principal objetivo: cuidar los intereses, vidas, salud y bienestar de los ciudadanos que han confiado en ellos y en su correcta gestión e impecabilidad. A ese respecto, y viendo los acontecimientos que se están desarrollando en nuestro país, y en el mundo, recuerdo la famosa frase de Thomas Jefferson: Allí donde el gobierno teme a la gente, hay libertad. Allí donde la gente teme al gobierno, hay tiranía. Poco a poco, nuestra sociedad se va convirtiendo en una sociedad temerosa: Miedo al desempleo, miedo a la inseguridad ciudadana, miedo al terrorismo, miedo a la inestabilidad política, miedo a las pandemias... Un miedo que nos están introduciendo, de forma cautelosa y sibilina, y que poco a poco va calando en las fibras más sensibles de la sociedad. Y todo esto se produce porque lo consideran adecuado a los intereses de unos pocos. El hombre no puede vivir con miedo. Pensamos que es el momento de acabar con las mentiras, con la ocultación deliberada e interesada de la verdad, y con la falsedad.

Juntos podemos hacer una sociedad que se dirija a ese cambio de conciencia necesario para poder transformar todo lo caduco, todo lo que ha quedado obsoleto, y que se ha asentado como una lastimera realidad entre nosotros. Esa transformación comienza en cada uno de nosotros, yendo más allá de los parámetros de la visión simple y egoísta que nos han enseñado hasta ahora.

El Humanismo Transformador que ofrecemos es una puerta abierta a las personas que quieren el cambio desde una perspectiva realista y llena de creatividad, seres humanos que no quieren limitarse a vegetar y a esperar resignadamente a que hagan con nosotros lo que les apetezca, personas en las que se fusione el corazón con la inteligencia, y en la que todos los que formemos parte de este inspirador proyecto, y abramos nuestra mente a lo nuevo, tengamos la oportunidad de vivir la gran experiencia de este siglo XXI: el nacimiento de una nueva conciencia, un nuevo mundo para nosotros y nuestros hijos”, termina el manifiesto.

Por su parte, el candidato de Ven-T, Antonio Ortiz, aprovechó para agradecer las visitas que están produciendo en la web del partido. Tanto es así, que el sitio goza de más de 7.000 visitas. También la reproducción de sus vídeos en Youtube supera las 5.000. En Facebook tiene casi 1.000 amigos. Igualmente, sus blogs disfrutan de más de 9.000 visitas, según Ortiz Ordóñez, que así certifica el interés que suscita Ven-T.

domingo, octubre 31, 2010

Erich Fromm

A 110 AÑOS DEL NACIMIENTO

Erich Fromm, un gran humanista

Domingo 31 de Octubre de 2010 |

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Por Santiago Furlotti
Para LA GACETA - Tucumán

Erich Fromm nació en Frankfurt, en el año 1900. Estudió sociología en la Universidad de Heidelberg bajo la dirección de Alfred Weber. Posteriormente descubrió la obra de Freud y la investigó profundamente. En 1934, tras la toma del poder por el partido Nazi, emigró a los Estados Unidos. Allí desarrolló una importante labor editorial, publicando varios libros sobre las tendencias autoritarias de la sociedad contemporánea en los que se separa marcadamente de la teoría original freudiana. Hacia 1950 se trasladó a México, dedicándose a la docencia y a la investigación. En los años posteriores se vinculó con los movimientos pacifistas norteamericanos y fue un destacado oponente de la guerra de Vietnam. Se alejó de todo apoyo al socialismo de Estado, sobre todo del modelo totalitario soviético, y criticó la sociedad de consumo capitalista. Se consideraba a sí mismo como partidario de un socialismo humanista y democrático. En el año 1965 se retiró y tras unos años de viaje, se instaló en Suiza. Murió en el año 1980.
Sus ideas
Erich Fromm publicó numerosos trabajos durante su vida. Entre ellos se encuentra El miedo a la libertad, el cual alcanzó prestigio internacional y fue reeditado numerosas veces. En esta obra magistral, el pensador alemán describe un proceso que tiene lugar en todos los seres humanos y que se puede denominar "proceso de individuación". Cuando un niño nace, deja de formar un solo ser con su madre y se transforma en un ente biológico separado de ella. No obstante, el niño permanece unido funcionalmente durante un período determinado. Los lazos que unen a un individuo con sus padres antes de que el proceso de individuación haya llegado a su plenitud, reciben el nombre de "vínculos primarios". A medida que pasa el tiempo, progresivamente comienza a darse el proceso de individuación. El sujeto se va liberando de los vínculos primarios de la niñez estableciendo relaciones (en la escuela, el club, el trabajo, etc.) con personas que no forman parte de su familia. Esta nueva situación implica una importante tarea: abrirse camino en el mundo por sí mismo como un individuo independiente, sin que mamá y papá estén brindado su protección y su cuidado. Es decir, a medida que los seres humanos crecen y de desarrollan, deben aprender a asumir su propia existencia dejando atrás el cálido refugio de los padres. Sin embargo, este proceso mediante el cual nos convertimos progresivamente en individuos independientes implica, muchas veces, soledad y angustia. Los vínculos primarios con lo padres ofrecen seguridad y protección frente al mundo circundante. Cuando estos desaparecen, el sujeto puede experimentar la incertidumbre y la soledad ante las responsabilidades que se presentan y que deben asumirse. Mientras se encontraba al amparo de los vínculos primarios ignorando las implicancias de la acción individual libre, no había razones para temer. Pero cuando alcanza la condición de individuo, se encuentra solo y debe hacer frente a todas las dificultades que el mundo presenta.
Fromm señala que, frente al proceso de individuación, pueden adoptarse dos actitudes. Una de ellas es aceptar la condición de individuo libre afrontando con madurez las dificultades que se presentan. La otra es recurrir a "mecanismos de evasión" para evitar el esfuerzo que significa asumir responsabilidades. Este segundo camino, según el pensador alemán, es bastante común en las sociedades contemporáneas como consecuencia del miedo a la libertad. El temor a ser individuos libres conduce a buscar lazos que sustituyan los vínculos primarios que se han perdido. El individuo considera la libertad como un peso insoportable y experimenta una intensa angustia. En tal situación, siente la urgente necesidad de hallar a alguien a quien pueda ceder esa libertad para que decida por él. De esta manera, siente el aparente sosiego de no tener que elegir por sí mismos. El sujeto deja de ser él mismo adoptando las pautas impuestas por la sociedad en que vive. Las diferencias entre él y el mundo desaparecen y, con ellas, el miedo, la angustia y la soledad de elegir por sí mismo. La persona se despoja de su yo individual y se convierte en un autómata, idéntico a millones de otros autómatas que lo circundan. Este comportamiento se denomina comúnmente "masificación".
Según Fromm, nuestra cultura conduce con demasiada frecuencia a la eliminación de la espontaneidad y a la sustitución de ideas originales por emociones, pensamientos y deseos impuestos desde afuera. Aquello que la educación no puede conseguir, se intenta realizar a través de la presión social. Esto trae como consecuencia el empobrecimiento de la persona individual y el surgimiento de la debilidad y de la inseguridad. El individuo piensa, siente y quiere lo que los demás consideran que debe pensar, sentir y querer. La victoria de la libertad es solamente posible si la democracia llega a constituir una sociedad en la que el individuo, su desarrollo y felicidad constituyan el fin y el propósito de la cultura; en la que la vida no necesite justificarse por el éxito y en la que el individuo no se vea subordinado ni sea objeto de manipulaciones por parte de ningún poder exterior a él. El progreso de la democracia consiste en acrecentar realmente la libertad, iniciativa y espontaneidad del individuo, no solo en determinadas cuestiones privadas y espirituales, sino esencialmente en la actividad fundamental de la existencia humana: su trabajo.
© LA GACETA

Pablo Santiago Furlotti - Profesor y Licenciado en Filosofía de la UNSTA, investigador del CONICET.

domingo, marzo 14, 2010

Solidaridad con defensores humanistas


Lula y los Castro

Por: Mario Vargas Llosa Escritor
Domingo 7 de Marzo del 2010

Mi capacidad de indignación política se embota algo los meses del año que paso en Europa. La razón, supongo, es que vivo allá en países democráticos en los que, no importa los problemas que padezcan, hay un amplio margen de libertad para la crítica, y los medios, los partidos, las instituciones y los individuos suelen protestar con entereza y ruido cuando se suscita un hecho afrentoso y despreciable, sobre todo en el campo político.
En América Latina, en cambio, donde paso tres o cuatro meses al año, aquella capacidad de indignación retorna siempre, con la furia de mi juventud, y me hace vivir en el quién vive, desasosegado y alerta, esperando (y preguntándome de dónde vendrá esta vez) el hecho execrable que, generalmente, pasará inadvertido para el gran número, o merecerá el beneplácito o la indiferencia general.
Esta mañana he vivido una vez más esa sensación de asco e ira, viendo al risueño presidente Lula del Brasil, abrazando cariñosamente a Fidel y Raúl Castro, en los mismos momentos en que los esbirros de la dictadura cubana correteaban a los disidentes y los sepultaban en los calabozos para impedirles asistir al entierro de Orlando Zapata Tamayo, el albañil opositor y pacifista de 42 años, del Grupo de los 75, al que la satrapía castrista dejó morir de hambre —luego de someterlo en vida a confinamiento, torturas y condenarlo con pretextos a más de 30 años de prisión— tras 85 días de huelga de hambre.
Cualquier persona que no haya perdido la decencia y tenga un mínimo de información sobre lo que ocurre en Cuba espera del régimen castrista que actúe como lo ha hecho. Hay una absoluta coherencia entre la condición de dictadura totalitaria de Cuba y una política terrorista de persecución a toda forma de disidencia y de crítica, la violación sistemática de los más elementales derechos humanos, procesos amañados para sepultar a los opositores en cárceles inmundas y someterlos allí a vejaciones hasta enloquecerlos, matarlos o empujarlos al suicidio. Los hermanos Castro llevan 51 años practicando esa política y solo los idiotas podrían esperar de ellos un comportamiento distinto.
Pero de Luiz Inácio Lula da Silva, gobernante elegido en comicios legítimos, presidente constitucional de un país democrático como Brasil, uno esperaría, por lo menos, una actitud algo más digna y coherente con la cultura democrática que en teoría representa, y no la desvergüenza impúdica de lucirse, risueño y cómplice, con los asesinos virtuales de un disidente democrático, legitimando con su presencia y proceder la cacería de opositores desencadenada por el régimen en los mismos momentos en que él se fotografiaba abrazando a los verdugos de Orlando Zapata Tamayo.
El presidente Lula sabía perfectamente lo que hacía. Antes de viajar a Cuba, 50 disidentes cubanos le habían pedido una audiencia durante su estancia en La Habana y que intercediera ante las autoridades de la isla por la liberación de los presos políticos martirizados como Zapata en los calabozos cubanos. Él se negó a ambas cosas. Tampoco los recibió ni abogó por ellos en sus dos anteriores visitas a la isla, cuyo régimen liberticida siempre elogió sin el menor eufemismo.
Por lo demás, esta manera de proceder del mandatario brasileño ha caracterizado todo su mandato. Hace años que, en su política exterior, desmiente de manera sistemática su política interna, en la que respeta las reglas del Estado de derecho, y, en economía, en vez de las recetas marxistas que proponía cuando era sindicalista y candidato —dirigismo económico, nacionalizaciones, rechazo a la inversión extranjera, etcétera—, promueve una economía de mercado y de libre empresa como cualquier estadista socialdemócrata europeo.
Pero, cuando se trata del exterior, el presidente Lula se desviste de los atuendos democráticos y se abraza con el comandante Chávez, con Evo Morales, con el comandante Ortega, es decir, con la hez de América Latina, y no tiene el menor escrúpulo en abrir las puertas diplomáticas y económicas del Brasil a la satrapía teocrática integrista de Irán. ¿Qué significa esta duplicidad? ¿Que el presidente Lula nunca cambió de verdad? ¿Que es un simple travestido, capaz de todos los volteretazos ideológicos, un politicastro sin espina dorsal cívica y moral? Según algunos, los designios geopolíticos para Brasil del presidente Lula están por encima de pequeñeces como que Cuba sea, con Corea del Norte, una de las dictaduras donde se cometen los peores atropellos a los derechos humanos y donde hay más presos políticos. Lo importante para él serían cosas más trascendentes como el puerto de Mariel, que Brasil está financiando con 300 millones de dólares, así como la próxima construcción por Petrobras de una fábrica de lubricantes en La Habana. Ante realizaciones de este calado ¿qué puede importarle al “estadista” brasileño que un albañil cubano del montón, y encima negro y pobre, muera de hambre clamando por nimiedades como la libertad?
En verdad, todo esto significa, ay, que Lula es un típico mandatario “democrático” latinoamericano. Casi todos ellos están cortados por la misma tijera y casi todos, unos más, otros menos, aunque —cuando no tienen más remedio— practican la democracia en el seno de sus propios países, en el exterior no tienen reparo alguno, como Lula, en cortejar a dictadores y demagogos tipo Chávez o Castro, porque creen, los pobres, que de este modo aquellos manoseos les otorgarán una credencial de “progresistas” que los libre de huelgas, revoluciones, acoso periodístico y de campañas internacionales acusándolos de violar los derechos humanos. Como recuerda el analista peruano Fernando Rospigliosi, en un admirable artículo, “Mientras Zapata moría lentamente, los presidentes de América Latina —incluido el sátrapa cubano— se reunían en México para formar una organización —¡otra más!— regional. Ni una palabra salió de allí para demandar la libertad o un mejor trato para los más de 200 presos políticos cubanos. El único que se atrevió a protestar —un justo entre los fariseos— fue el presidente electo de Chile, Sebastián Piñera.
De manera que la cara de cualquiera de estos jefes de Estado hubiera podido reemplazar a la de Luiz Inácio Lula da Silva, abrazando a los hermanos Castro, en la foto que me retorció las tripas al leer la prensa de esta mañana.
Esas caras no representan la libertad, la limpieza moral, el civismo, la legalidad y la coherencia en América Latina. Estos valores se encarnan en personas como Orlando Zapata Tamayo, las Damas de Blanco, Oswaldo Payá, Elizardo Sánchez, la bloguera Yoani Sánchez, y demás cubanos y cubanas que, sin dejarse intimidar por el acoso, las agresiones y vejaciones cotidianas de que son víctimas, se siguen enfrentando a la tiranía castrista. Y se encarnan, asimismo, en principalísimo lugar, en los centenares de prisioneros políticos y, sobre todo, en el periodista independiente Guillermo Fariñas, que, cuando escribo este artículo, lleva ya ocho días de huelga de hambre en Cuba para protestar por la muerte de Zapata y exigir la liberación de los presos políticos.
Curiosa y terrible paradoja: que sea en el seno de uno de los más inhumanos y crueles regímenes que haya conocido el continente donde se hallen hoy los más dignos y respetables políticos de América Latina.
LIMA, 4 DE MARZO DEL 2010

sábado, diciembre 05, 2009

La felicidad, meta del humanismo

Bután, un país en donde la riqueza no se mide en dinero, sino en Felicidad
Lunes 31 Marzo, 2008 · 30 comentarios


En Bután, una pequeña y montañosa nación budista del sur de Asia, localizada en la cordillera del Himalaya entre India y China, con unos 2 millones de habitantes, la felicidad es la riqueza que se mide. En efecto, se trata de un país, en donde la riqueza no es medida por las pertenencias o el oro que una persona pueda tener, sino más bien por el grado de felicidad de la misma.

De hecho, en este país, el Producto Interno Bruto (PIB) que se maneja en todos los países de manera internacional, es reemplazado por la Felicidad Nacional Bruta (FNB). Y es que hace varios años, el rey de Bhután, Jigme Singye Wangchuck, comenzó a aplicar esta idea que ya está en funcionamiento, y de la cual han creado una comisión nacional para cuantificar la Felicidad Bruta del País.

Karma Tshiteem, encargado de la Comisión que maneja las estadísticas de la Felicidad de la Nación, dice que la Felicidad Nacional Bruta se medirá en los siguientes factores: bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, vitalidad de la comunidad y diversidad ecológica; esto, luego de hacer una entrevista a más de mil personas obteniendo resultados en común que avalen su idea.

Ahora bien, los primeros estudios arrojan que casi un 68% de los Bhutaneses no se siente “feliz” teniendo en cuenta los factores anteriores, cosa que denigra las mismas estadísticas.

Para los próximos años se espera que tengan lugar cambios gubernamentales con el fin de potenciar y aumentar la Felicidad Nacional Bruta. No obstante, su política ha dado frutos entre los butaneses, que, pese a su precariedad económica, son, según un estudio de la británica Universidad de Leicester, el octavo pueblo más feliz del mundo por delante de Estados Unidos.

De hecho Bután ha sido el primer país del mundo que prohíbe totalmente la venta de tabaco y donde toda actividad en ese sentido es sancionada. En Bután no está permitido fumar en público en ningún lugar del país. En Bután, todas las personas que sean sorprendidas vendiendo tabaco deben pagar una multa de 225 dólares.

El reino de Bután siempre tuvo un concepto especial de la era moderna. El ingreso de visitantes extranjeros al país no fue autorizado hasta la década de los ‘70. En la actualidad deben pagar 200 dólares por cada día pasado en Bután, obligatoriamente en el marco de viajes organizados y el turismo sigue siendo muy restringido. La televisión llegó hace sólo cinco años a este país rural, cuya economía depende fundamentalmente de la agricultura.

Desde hace varios años, Bután decretaba varios días ‘sin tabaco‘ y las comunidades locales otorgaban medallas a las personas que habían registrado éxitos en el combate contra el tabaquismo. Las medidas radicales contra el tabaquismo fueron apoyadas activamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según la cual el tabaco es la segunda causa de mortalidad en el mundo.

Así mismo en el año 2007 el país comenzó a tener elecciones. La inexperiencia democrática de los butaneses hizo que en abril de 2007 el Gobierno organizara un masivo simulacro electoral en el que los candidatos eran estudiantes de institutos y representaban a partidos ficticios con nombres de dragón y programas imaginarios. Estas elecciones, que contaron con 42 observadores internacionales, son la culminación de una transición “feliz” propugnada por el rey Wangchuck, quien, tras dar su visto bueno a una propuesta de Constitución, abdicó en diciembre de 2006 a favor de su hijo Jigme Khesar.

Es importante destacar que Bután no tuvo teléfono ni moneda hasta 1960 y que Internet y la TV llegaron en 1999.

Tras la formación del nuevo Gobierno, el rey mantendrá su rol como jefe de Estado y, según la Constitución, sólo podrá ser destronado con el voto de al menos dos tercios de la cámara. El ritmo de los cambios ha asustado a parte de los habitantes del país, conocido como el último Shangri-La, que vivió hasta hace poco en un ambiente medieval. Durante su reinado, el rey Wangchuk se embarcó en una rápida modernización que desembocó en la legalización de la televisión e Internet (1999) y, más tarde, de la libertad de prensa, en parte para favorecer la cultura democrática que se estaba promoviendo.

Llena de retos, esta democracia recién nacida comparte sin embargo rasgos de otras más veteranas, como las inevitables anécdotas de la jornada electoral: la más sonada la protagonizó Tshewang Dema, una mujer de 65 años que caminó 600 kilómetros durante catorce días para poder depositar su papeleta: “Me mareo en los coches, y como no quería perder mi voto, caminé“, declaró Dema al rotativo “Bhutan Times“.

Bután cuenta con una población de poco más de 700.000 de habitantes, distribuidos en 47.000 km2 de territorio. La esperanza de vida promedio es de 61 años. Existen 20 médicos cada 100.000 personas, según un estudio de los años 90. Sólo el 58% de la población tiene acceso directo a agua potable.


Actualización de la información:

Jigme Singye Wangchuck, su cuarto rey convirtió el año pasado (2008) a Bután en la democracia más joven del mundo. Este rey, educado en el Reino Unido, vive solo en una cabaña modesta. Cuando la gente se ofreció a construirle un castillo dijo que no, que emplearan el dinero y el tiempo en levantar escuelas y hospitales. Es compasivo, sabio, afirma que lo sacrificaría todo por su pueblo. No sólo eso, estambién un visionario si se tiene en cuenta que acuñó, hace 35 años, un término que hoy, en este escenario del poscomunismo y del poscapitalismo salvaje, constituye el centro de uno de los debates más interesantes que se están produciendo en el pensamiento económico mundial. Un debate al que se han apuntado premios Nobel como Joseph E. Stiglitz o Amartya Sen y líderes occidentales como Nicolas Sarkozy o Gordon Brown.

El 2 de junio de 1974, en su discurso de coronación, Jigme Singye Wangchuck dijo: “La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto“. Tenía 18 años y se convertía, tras la repentina muerte de su padre, en el monarca más joven del mundo.

No fue un mero eslogan. Desde aquel día, la filosofía de la felicidad interior bruta (FIB) ha guiado la política de Bután y su modelo de desarrollo. La idea es que el modo de medir el progreso no debe basarse estrictamente en el flujo de dinero. El verdadero desarrollo de una sociedad, defienden, tiene lugar cuando los avances en lo material y en lo espiritual se complementan y se refuerzan uno a otro. Cada paso de una sociedad debe valorarse en función no sólo de su rendimiento económico, sino de si conduce o no a la felicidad.

Dos factores pueden explicar que esta especie de tercera vía de desarrollo se haya llevado a la práctica precisamente aquí, en este aislado reino del Himalaya. Por un lado, está su profunda raigambre en la filosofía budista. Y por otro, el proverbial retraso de Bután en su apertura al mundo. El lama reencarnado Mynak Trulku explica el primer factor: “La felicidad interior bruta se basa en dos principios budistas. Uno es que todas las criaturas vivas persiguen la felicidad. El budismo habla de una felicidad individual. En un plano nacional, corresponde al Gobierno crear un entorno que facilite a los ciudadanos individuales encontrar esa felicidad. El otro es el principio budista del camino intermedio“. Y esto enlaza con el segundo factor, que explica Lyonpo Thinley Gyamtso, ex ministro del Interior y de Educación: “Están los países modernos, y luego está lo que era Bután hasta los años setenta. Medieval, sin carreteras, sin escuelas, con la religión como única guía. Son dos extremos, y la FIB busca el camino intermedio“.

La televisión llegó a Bután en 1999, al mismo tiempo que Internet. Thimpu es hoy la única capital del mundo sin semáforos, y el aeropuerto internacional cuenta con una sola pista. Ese retraso en la modernización ha permitido a Bután, un pequeño país encajado entre los dos Estados más poblados de la Tierra, la India y China, aprender de los errores de otros países vecinos en vías de desarrollo que se han centrado exclusivamente en el progreso económico.

El concepto butanés de la felicidad interior bruta se sostiene sobre cuatro pilares, que deben inspirar cada política del Gobierno. Los pilares son:

* 1. Un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo.
* 2. La preservación y promoción de la cultura.
* 3. La conservación del medio ambiente.
* 4. El buen gobierno.

Para llevarlo a la práctica, el cuarto rey creó en 2008 una nueva estructura institucional al servicio de esta filosofía, con una comisión nacional de FIB y una serie de comités a nivel local.

Lo que medimos afecta a lo que hacemos. Si nuestros indicadores sólo miden cuánto producimos, nuestras acciones tenderán sólo a producir más. Por eso había que convertir la FIB de una filosofía a un sistema métrico. Y eso es lo que encomendó el cuarto rey al Centro de Estudios Butaneses, que años después ha dado con un índice para medir la felicidad.

La materia prima es un cuestionario que responderán los ciudadanos butaneses cada dos años. La primera encuesta se realizó entre diciembre de 2007 y marzo de 2008. Un total de 950 ciudadanos de todo el país respondieron a un cuestionario con 180 preguntas agrupadas en nueve dimensiones:

* 1. Bienestar psicológico.
* 2. Uso del tiempo.
* 3. Vitalidad de la comunidad.
* 4. Cultura.
* 5. Salud.
* 6. Educación.
* 7. Diversidad medioambiental.
* 8. Nivel de vida.
* 9. Gobierno.

Éstas son algunas preguntas del cuestionario: “Definiría su vida como: a) Muy estresante, b) Algo estresante, c) Nada estresante, d) No lo sé“. “¿Ha perdido mucho sueño por sus preocupaciones?“. “¿Ha percibido cambios en el último año en el diseño arquitectónico de las casas de Bután?“. “¿En su opinión, cómo de independientes son nuestros tribunales?“. “¿En el último mes, con qué frecuencia socializó con sus vecinos?”. “¿Cuenta usted cuentos tradicionales a sus hijos?“.

Una vez procesada la información de las encuestas, se determina en qué medida cada hogar ha alcanzado la suficiencia en cada una de las nueve dimensiones, estableciendo unos valores de corte. A cada indicador en el que un hogar ha alcanzado o superado el valor de corte se le atribuye un cero. Cuando el encuestado no ha llegado al valor de corte en un indicador, se le resta el resultado al valor de corte y se divide la resta por el propio valor de corte. Por ejemplo, si el límite de la pobreza es 8 y el encuestado ha alcanzado 6, el resultado es (8-6) / 8 = 0,25.

Entonces, ¿cómo se determina quién es feliz? Es feliz aquella persona que ha alcanzado el nivel de suficiencia en cada una de las nueve dimensiones (0). ¿Y cómo se determina la felicidad interior bruta? FIB = 1 – (la media del cuadrado de las distancias respecto a los valores de corte).

Ya tenemos, pues, el valor de la felicidad. Pero es sólo eso, un número. El siguiente paso es comparar la FIB de los diferentes distritos. Compararla a lo largo del tiempo. Descomponer el índice por dimensiones, por géneros, por ocupaciones, grupos de edades, etcétera. Y así, la FIB puede utilizarse como un instrumento para orientar políticas.

La determinación por medir la felicidad nacida de aquel discurso de coronación del cuarto rey de Bután puede verse como un caso pintoresco o enternecedoramente naïf desde las potentes economías occidentales. Pero la misma inquietud empieza a ocupar las agendas de influyentes mandatarios y eminencias de la economía a nivel mundial. En febrero de 2008, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, creó la Comisión Internacional para la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social, debido, en palabras de su director, el profesor de la Universidad de Columbia y premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz, “a su insatisfacción, y la de muchos otros, con el estado actual de la información estadística sobre la economía y la sociedad” (EL PAÍS, Negocios, 20 de septiembre de 2009). “El gran interrogante“, proseguía Stiglitz, “implica saber si el PIB ofrece una buena medición de los niveles de vida“. Y los resultados de la comisión, presentados el pasado mes de septiembre, confirmaron las sospechas de Sarkozy: el PIB se utiliza de forma errónea cuando aparece como medida del bienestar. Pero también hay quien advierte de los riesgos de ampliar la variedad de estadísticas económicas, que podría permitir a los Gobiernos agarrarse a unas u otras a su antojo, en detrimento de la objetividad.

Bután no debe ser (ni lo pretende) un ejemplo para otros Estados. Las peculiaridades del país hacen su experiencia inexportable. Bután es una de las economías más pequeñas del mundo, basada en la agricultura (a la que se dedica el 80% de la población), la venta de energía hidráulica a la India y el turismo. Y es un país altamente dependiente de la ayuda externa. La tasa de alfabetización es del 59,5%, y la esperanza de vida, 62,2 años. Probablemente el concepto de FIB les suene a chino a las remotas tribus de pastores nómadas del este, que se visten con pieles de yak, practican una religión animista y ofrecen animales sacrificados a sus dioses en las montañas. Y más aún a los 100.000 ciudadanos de la minoría étnica nepalí que viven en campos de refugiados en Nepal desde principios de los noventa, después de haber sido expulsados de Bután por el Gobierno.

# Pero en 2007 Bután fue la segunda economía que más rápido creció en el mundo. La educación, gratuita y en inglés, llega hoy a casi todos los rincones del país. En un estudio realizado en 2005, el 45% de los butaneses declaró sentirse “muy feliz”, el 52% reportó sentirse ” feliz

” y sólo el 3% dijo no ser feliz. En el Mapamundi de la Felicidad, una investigación dirigida por el profesor Adrian White en la Universidad de Leicester (Reino Unido) en 2006, Bután resultó ser el octavo más feliz de los 178 países estudiados (por detrás de Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia, Bahamas, Finlandia y Suecia). Y era el único entre los 10 primeros con un PIB per cápita muy bajo (5.312 dólares en 2008, seis veces menor que el español).

El sol ilumina intensamente la ciudad de Thimpu este sábado por la mañana. La vida transcurre sin prisa. Los puestos del mercado de verduras ofrecen los ricos productos autóctonos. Hay deliciosos chiles rojos y verdes, lustrosas berenjenas, compactas coles, tomates de árbol, decenas de tipos de manzanas y arroz rojo del Himalaya. Hay orquídeas, una de cuyas variedades se come, aportando una textura fibrosa y un sabor amargo a los guisos de chile o de carne. Y hay nuez de areca que, untada con lima y envuelta en hoja de betel, tiñe de rojo los dientes y los escupitajos de los butaneses que la mastican, enganchados a su ligero efecto narcótico. Un sustituto del tabaco, cuya venta está prohibida en el país.

Unos jóvenes celebran un campeonato de tiro con arco, el deporte nacional, y bailan y entonan canciones tradicionales cuando su equipo acierta en la diana colocada a 145 metros de distancia. Otros duermen después de divertirse hasta altas horas de la noche en karaokes y clubes no muy diferentes de los que uno puede encontrar en cualquier pequeña ciudad occidental. Thimpu tiene cierto ambiente urbano, mitigado por el hecho de que, por ley, los edificios deben construirse siguiendo determinadas reglas de la arquitectura tradicional.

La mayoría de la gente, incluso aquí en la ciudad, viste el atuendo tradicional butanés, que la ley impone en determinadas áreas públicas, para reforzar la identidad cultural butanesa (uno de los pilares de la FIB). El de los hombres es un vestido de una sola pieza de tela que llega hasta las rodillas y se ata con un cinturón. Las mujeres llevan un vestido hasta los tobillos. En los actos oficiales, los hombres se ponen una gran bufanda, llamada kabney, cuyo color indica el rango de la persona. Amarillo para el rey, naranja para los ministros y otras selectas autoridades, azul para los parlamentarios, blanco para el pueblo llano.

Lyonpo Sonam Tobgye, el presidente del Poder Judicial, es de los contados butaneses que puede llevar kabney naranja. Y su uniforme particular se completa con una imponente espada que lleva amarrada a la cintura. “La espada es el poder, y la kabney es el honor. Cuando me jubile, la espada se va, pero la kabney se queda”, dice, y suelta una sonora carcajada, sentado en su despacho, presidido (¿lo adivinan?) por una fotografía del cuarto rey de Bután. Fue él quien le encomendó, hace hoy exactamente ocho años, dirigir la comisión que se encargaría de redactar un borrador de Constitución para Bután. Quizá el primer gran paso para convertir Bután en una democracia.

Lo habitual en la historia es que la democracia sea una conquista del pueblo, producto a menudo de sangrientas luchas y revoluciones. Pero en el caso de Bután la democracia llegó por el empeño del cuarto rey, en contra de la voluntad de la mayoría de sus súbditos.

En diciembre de 2005, Jigme Singye Wangchuck anunció que abdicaría a favor de su primogénito y que se celebrarían elecciones. “La democracia no entró de la noche a la mañana“, explica Lyonpo Sonam Tobgye, con la espada asomando por debajo de su kabney naranja. “Fue un proceso largo. Cuando su majestad dijo que había que hacer una Constitución, la idea no fue aceptada en absoluto por el pueblo. No queríamos una Constitución. Estábamos muy a gusto con nuestro pasado. Teníamos desarrollo, seguridad, habíamos progresado. Aun así, su majestad insistió en que era importante que tuviéramos una Constitución. Y el pueblo aceptó sus palabras, porque nos fiamos de él“.

El comité estudió “unas cien” constituciones extranjeras. Después se quedaron con una veintena. Entregaron un borrador después de 10 meses, que se colgó en Internet para que lo vieran los ciudadanos y el mundo exterior. “Recibimos unos 400 comentarios de todo el mundo: intelectuales, universidades, organizaciones de derechos humanos. Estudiamos todo eso, hicimos otro borrador y éste se distribuyó al pueblo“.

Los reyes, padre e hijo, recorrieron entonces todo el país, hasta las aldeas más remotas, y celebraban reuniones en los pueblos para explicar y discutir el borrador de la Constitución. El 18 de julio de 2008 se aprobó una carta magna sin pena de muerte para un país cuyo delito más común es el expolio del patrimonio artístico y cuyo artículo 9.2 establece: “El Estado se esforzará en promover las condiciones que permitan la consecución de la felicidad interior bruta“.

El 24 de marzo de 2008 se celebraron las elecciones parlamentarias. Se presentaron dos partidos y ganó (45 de los 47 escaños) el Partido de la Paz y la Prosperidad del actual primer ministro, Jigmi Thinley. Y hace ahora un año, en noviembre de 2008, Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, de 28 años, hijo de Jigme Singye Wangchuck, se convirtió en el quinto rey de Bután, el primer monarca constitucional del país.

La sangre del nuevo rey aúna dos legitimidades. La de su padre, dinastía que reina Bután desde 1907, y la de su madre, que desciende de Ngawang Mamgyal, líder de una escuela de budismo tibetana que en 1616 se exilió en lo que hoy es Bután, a la edad de 23 años, y se convirtió en el primer gobernante del Bután unificado. El territorio se llamaba entonces (todavía hoy lo llaman así muchos butaneses) Druk Yul, o la Tierra del Dragón del Trueno. Y al líder se le otorgó el título de Zhabdrung, o Aquel a Cuyos Pies Uno Se Somete.

Su cuerpo embalsamado se guarda en la torre central del Punakha Dzong, también conocido como Templo de la Felicidad, sede del poder medieval, donde se coronó a los cinco reyes modernos. Una joya de la arquitectura butanesa, que el propio Zhabdrung mandó construir en la intersección de dos veloces ríos, uno macho y otro hembra (eso dicen), en un promontorio con una trompa que desciende hasta el agua. Ya lo advirtió, en el siglo VIII antes de Cristo, Gurú Rinpoche, santo patrón de Bután, que trajo el budismo tántrico a estas montañas: algún día, dijo, en un sitio que parece un elefante muerto, alguien llamado Ngawang levantará un templo. Y si tiene éxito, unificará un país.

El coche avanza por la serpenteante carretera, y uno podría pasarse horas mirando las formas que dibujan las nubes algodonosas contra el azul brillante del cielo y el manto de verde intenso con que los frondosos bosques cubren las imponentes montañas que rodean al valle de Punakha. Quedan pocos días para la recolecta de los campos de arroz, que se siembran en junio, antes del monzón, y que confieren al valle un color tostado en este inicio del otoño.

La marihuana crece libre en las cunetas, pero sólo recientemente han tenido algún problema con su tráfico y cultivo. Tradicionalmente se le daba usos más exóticos. Como recuerda un anciano del lugar, en los internados los críos untaban con marihuana el suelo para que las chinches la comieran, anduvieran más lentas y despistadas, y así fuera más fácil cazarlas.

Bután es una potencia en plantas medicinales. “Los botánicos extranjeros que vienen no dan crédito“, explica Karma Phuntsho, de la Oficina para la Investigación de Plantas Medicinales y Aromáticas. Entre las especies más extrañas está el yagtsa guen bub, o “hierba de verano y gusano de invierno“. Se da a partir de 4.000 metros de altitud y es, al mismo tiempo, animal y vegetal. Un gusano que se hunde bajo la tierra y brota de su cabeza una especie de planta u hongo, cuyo cuerpo se convierte en raíz. Tiene propiedades rejuvenecedoras y afrodisiacas, y en Bangkok se paga a 10.000 dólares el kilo. En el sistema de sanidad butanés, para dolencias leves, los ciudadanos pueden elegir entre la medicina tradicional y la occidental. Y la exportación de plantas medicinales, explica Phuntsho, “tiene un gran potencial para el país“. “Eso sí“, advierte, “siempre que se realice de manera sostenible“.

De momento, la economía de Bután confía en la bravura de sus ríos para generar energía hidráulica (esperan multiplicar por cinco su producción en los próximos años) y en el turismo, una industria que nació en los años setenta. En este terreno se sigue una política, entroncada con la filosofía de la FIB, de “pocos visitantes, pero mucho valor“. El turista debe pagar una tarifa de 220 dólares al día, que incluye alojamiento, comidas, entradas a museos, desplazamientos interiores y guía. Se trata de mantener un volumen rentable pero moderado, y evitar catástrofes ecológicas, estéticas y sociales como la que el turismo masivo ha provocado en el vecino Nepal.

Y así hasta que el país sea autosuficiente y deje de depender de la ayuda externa. “Hacemos un buen uso de las ayudas. Apenas hay corrupción, y a los donantes les gusta asociarse a la idea de la FIB. Pero habrá un momento en que la ONU considere que podemos valernos por nosotros mismos“, explica el ex ministro Lyonpo Thinley Gyamtso. “Somos un país pequeño y queremos hacer las cosas así. No queremos enseñar nada al mundo. Hacemos lo que creemos que es mejor para nosotros. Y si el mundo cree que hay algo que aprender, son más que bienvenidos”.

Fuentes: BBC, Wikipedia, y Publico.es, El Pais

miércoles, noviembre 25, 2009

Religión y derechos humanos

La libertad religiosa, una amenaza para las libertades y derechos individuales

24/11/09 | por Redacción | Sección: Sociopolítica

por Javier Fisac Seco

Historiador, periodista, creador artístico, caricaturista político…

Siendo la libertad un poder solamente individual: el poder que cada individuo tiene para gobernarse, darse derechos y defenderlos, buscar su propia felicidad y sus placeres, pensar por sí mismo y tomar sus propias decisiones, la idea de dios, en consecuencia, y la misión de las religiones y sus castas dirigentes, es la negación de la libertad. Resulta paradójico, desde la perspectiva de la libertad individual que se ha ido formando ideológicamente, dotando de contenidos humanos e individuales y conquistando en diferentes tiempos históricos y en diferentes países en lucha contra la opresión de los poderes autoritarios y monoteístas, que se presentaban en formas de gobiernos totalitarios, teocráticos, monárquicos y dictatoriales, que ahora, los mismos que gobernaron durante siglos y siguen gobernando en los países teocráticos o dictatoriales, e imponiendo en sus centros educativos en sociedades democráticas una ideología fundamentada en valores antidemocráticos e inconstitucionales, reivindiquen como un derecho para sí, para su institución clerical-corporativa y por tanto enemiga del individuo: la libertad religiosa.

Es la expresión de una nueva ofensiva conservadora, que podemos calificar de fundamentalista, porque amenaza los valores de las constituciones democráticas, contenidos, también, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue rechazada y por eso no fue firmada por la Iglesia Católica como no lo ha sido todavía por los países musulmanes.

Que un derecho que sólo es y sólo puede ser individual, la libertad religiosa, derecho recogido en las constituciones y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como una libre opción de cada individuo por la que puede o no optar cuando sea mayor de edad, sea reivindicado para sí por una organización supra-individual, la corporación clerical católica, no sólo puede ser interpretado como una burla, otra más, de los derechos individuales, sino que es una contradicción tan grave porque es incompatible con los derechos individuales. Incompatible con la libertad individual.

Aún así, el derecho individual a la libertad religiosa está de más entre los demás derechos porque existiendo los derechos a la libertad de opinión y el de la libertad de expresión el ejercicio de éstos ya contiene el de libertad religiosa que no debería estar explicitado. Primero porque es una reminiscencia de la moral monoteísta y de la derecha y en segundo lugar porque la libertad religiosa sólo puede ejercerse a partir de la mayoría de edad y no como un poder religioso, conservador y familiar para imponer a los menores una determinada creencia.

De manera que, en nombre de este derecho no sólo se incumplen todos los demás, sino que en aplicación del mismo se va creando un caparazón ideológico y moral en los niños que les acaba obstruyendo el desarrollo de su potencial capacidad para ejercer los demás derechos. Porque sometidos a la influencia religiosa van desarrollando un carácter autoritario, patriarcal, antifeminista y homófobo que afecta por igual a los chicos que a las chicas. De ahí la paradoja de que miles de mujeres justifiquen su explotación y dominio por el macho.

Si la Iglesia Católica acatara los valores individuales, lo podría hacer de dos sencillas maneras, claro que entonces tendría que autodisolverse porque carecería de razón de ser. En primer lugar, lo primero que tendría que aceptar es que la libertad religiosa es un derecho de cada individuo y que éste es el único que puede decidir si quiere o no quiere creer en algún dios; en segundo lugar tendría que rechazar sus valores porque son la negación de los derechos individuales, de la libertad y de las formas democráticas y populares de gobierno.

Desde sus orígenes la Iglesia católica, y por extensión todas las religiones monoteístas, incluidas las demás iglesias cristianas, han gobernado junto con los poderes dominantes. Los mismos que sometían a los explotados. Han legitimado la explotación del poderoso y la han racionalizado con un sistema de valores que, en nombre de la libertad religiosa, no en nombre de la libertad individual, justifica la explotación como un hecho natural y sin especial importancia porque lo importante no es lo que vivimos sino lo que nos ocurrirá cuando muramos. Porque lo que da sentido último a nuestras vidas no es vivir la vida, nuestra propia vida como única realidad civil y personal, sino vivir la vida preparándonos durante toda ella para la muerte.

No existe mayor fantasía, mayor farsa y mayor desprecio por el ser humano que transformar su vida en un calvario gracias al cual encontrará sentido último a su vida: la muerte. Vivir para morir. El éxtasis del sadomasoquismo. Que se desarrolla en unos valores conocidos como votos: de castidad, de obediencia y de pobreza y que se alcanzan en su más alto grado en la santificación después de ser vírgenes y mártires. Toda una vida de sufrimiento, toda una vida sin conocer el placer sexual, toda una vida de obediencia al superior, toda una vida de exaltación de la pobreza o estado de explotación por la clase dominante hasta alcanzar el éxtasis de la felicidad: la muerte.

Y todo esto, y algo más que ahora desarrollaré, es lo que reivindican cuando en nombre de una concepción de la libertad contra los individuos, la libertad contra la felicidad, la libertad contra la independencia y autonomía personal, la libertad contra los derechos fundamentales del individuo, “su libertad”, reclaman para sí, sin sentido de la vergüenza histórica ni del ridículo, los antiguos amos de la humanidad, las religiones monoteístas: la libertad religiosa. Una libertad que es incompatible con los derechos individuales: con la libertad humana.

Pero esto no sólo resulta indignante por ofensivo a nuestro sistema de valores democráticos sino irritante cuando no reaccionamos frente a la brutalidad de un sistema de valores religiosos que no tienen más finalidad que destruir al individuo como sujeto de derechos privándole de su voluntad, de su capacidad para pensar y decidir por sí mismo mediante el adoctrinamiento al que hemos sido, la especie humana lo ha padecido durante siglos, sometidos. Es irritante que nos parezca “normal” que unas personas con unos valores como la castidad, la obediencia y la pobreza eduquen a las generaciones desde niños hasta la muerte.

Pero cómo puede dejarse la educación de los niños y jóvenes en manos de unas personas que renuncian al placer sexual para perfeccionar su alma, viviendo eternamente reprimidos y amargados/as. Pero cómo puede dejarse la educación de niños y jóvenes en manos de personas que hacen de la obediencia, la renuncia a tener opinión y voluntad propia, de la renuncia a la formación en el espíritu crítico, de la renuncia a fortalecer la formación y personalidad individual, un valor de sumisión irracional al superior. Pero cómo puede dejarse la educación de niños y jóvenes en manos de unas personas que ensalzan la pobreza como estado de perfección porque purifican su alma, que es lo mismo que bendecir la situación de explotación del hombre por los poderosos porque cada cual debe aceptar y someterse a la realidad en la que le ha tocado vivir para que haya paz. La paz de los opresores, claro. Esta es la libertad religiosa: la libertad que se concede a una corporación para acabar con las libertades individuales. La libertad de la ideología totalitaria.

La religión monoteísta es una ideología totalitaria que tiene como finalidad el control de masas al servicio del poder de clase mediante una moral cuyos valores se fundamentan en la negación de la libertad de cada individuo. Que es una ideología totalitaria es fácil de demostrar porque lo dicen sus propios documentos y su concepción teórica del origen del poder. Todo poder viene de dios por lo tanto se rechaza el sufragio universal y las formas democráticas de gobierno. Esto fue así antes de las democracias asamblearias en Grecia y Roma, durante toda la Edad Media y Antiguo Régimen y tras el sobresalto de la Revolución francesa se reencontró y reafirmó en los regímenes totalitarios y las dictaduras militares del siglo XX. Con la orientación ideológica que dieron todos los papas a esta concepción totalitaria de la sociedad y del poder.

Y que siguen dando hasta hoy día por dos sencillas razones: porque no han elaborado ni aprobado, y por lo tanto no han hecho público, ningún documento en el que reconozcan su ideología totalitaria, renuncien a ella y acepten las libertades democráticas y los derechos individuales y al individuo como sujeto de derechos y como fundamento básico y de origen de la sociedad; y porque aún conservan los “diez mandamientos” como fuente de ley de origen divino.

“Mandamientos” que no reconocen ningún derecho a los individuos, sino deberes, dos tipos de deberes; los deberes para con dios y los deberes para con la Iglesia. Lo mismo ocurre con todos los libros sagrados y con los documentos religiosos, incluidas todas las encíclicas, en los que nunca jamás encontraremos una proclamación de derechos individuales. Esto sería tan absurdo para cualquier dios monoteísta como que Franco o Hitler hubieran reconocido derechos a los individuos, porque hubieran reconocido la negación de sus propios valores. La religión monoteísta, la Iglesia Católica, es coherentemente totalitaria, por eso no puede admitir en sus textos ni en sus libros sagrados que existen individuos y que, encima, tengan derechos. Y este sistema de valores totalitarios: castidad, obediencia y pobreza hasta alcanzar la virginidad en el martirio es el que imponen a los niños y jóvenes en los centros educativos que caen bajo sus garras y nos vienen imponiendo en nombre de “su libertad religiosa”. Porque la imposición es el mecanismo de difusión de su dogma y nunca la convicción en libertad. Y para eso quieren la “libertad religiosa” para imponernos su sistema de valores. Un sistema que nos priva de derechos individuales y nos arranca nuestra voluntad porque gracias a él pretenden seguir imponiendo “su voluntad” que no otra cosa es “su libertad religiosa”.

¿No resulta paradójico, irritante e idiotizante que nos parezca la cosa más “normal” del mundo que para alcanzar “el sentido último de la vida”, un sentido que sólo tiene sentido hablando en términos religiosos y por tanto inhumanos, tengamos que compartir unos valores religiosos que son autoritarios, patriarcales, antifeministas y homófobos? ¿Nos parece normal que a los niños y jóvenes se les eduque en estos valores por personas que practican valores tan inhumanos como los votos de castidad, obediencia y pobreza? Y entonces la Constitución y los Derechos Humanos qué pintan aquí.

¿Podemos compartir unos valores que reducen a la mujer a la función de madre-asexuada para que no deje de parir hijos a fin de difundir el poder del clero por la vía del crecimiento demográfico? Niños deliciosos que luego ellos y ellas se encargarán de idiotizar privándoles de voluntad propia gracias a “su libertad” religiosa. ¿Podemos compartir unos valores que presentan el placer sexual como una condena divina y encima sentir sentimiento de culpa por disfrutar con nuestro propio cuerpo y de vergüenza por tener cuerpo y encima disfrutar con él? ¿Podemos compartir unos valores que utilizan la represión sexual para privarnos de nuestra propia voluntad imponiéndonos una voluntad religiosa-clerical que decida por nosotros qué podemos o no podemos hacer con nuestra propia felicidad y nuestro propio placer? Pues para todo esto y mucho más quieren ellos: una aristocracia rancia y clerical tener el privilegio en exclusiva detener “una libertad religiosa”, “su libertad”: una libertad corporativa enemiga desde hace siglos de los derechos individuales. Y entonces la Constitución y los Derechos Humanos qué pintan aquí.

Unos valores que están en contra del matrimonio civil, en contra del divorcio, en contra del aborto, en contra de las relaciones sexuales a cualquier edad, en contra de la homosexualidad, en contra de los anticonceptivos, en contra de la píldora del día después, en contra de la libertad de opinión, en contra de la mujer que no sea madre-asexuada-objeto; en contra de la felicidad; en contra de la separación de la Iglesia y el Estado; en contra de una enseñanza laica, científica, racionalista, humanista e ilustrada… ¡En fin! En contra de que sea cada individuo el que tome sus propias decisiones en un marco de legalidad civil. Y con estos contra-valores antidemocráticos se dedican a la enseñanza, adoctrinando a niños y jóvenes hasta conseguir neurotizarlos. Pero ¿no tenemos ya valores democráticos?

Existen dos sistemas, dos ideologías, dos morales fundamentados en sistemas de valores y de conductas diferentes, antagónicos: la ideología totalitaria de origen monoteísta y la ideología ilustrada de origen humano. La primera ha negado siempre la existencia del individuo como sujeto de derechos y fundamento de la sociedad; en su lugar el fundamento de la sociedad es la familia, la corporación y el municipio; ha negado que el poder tenga un origen humano afirmando que no hay más poder que el que tiene un origen divino; ha reducido a la mujer a la función de madre-asexuada y ha prohibido el placer; la otra moral es la que desde la Ilustración y la Revolución francesa ha afirmado la existencia de individuos y de sus derechos; ha proclamado que el placer es un derecho que debe ser perseguido sin vergüenza ni sentimiento de culpa y que los seres humanos tenemos derecho a la felicidad sin tener que esperar a la muerte, una fantasía brutalmente inhumana, en cuyo nombre pretenden los monoteísmos, y la Iglesia Católica dominarnos para mayor gloria de dios y de ellos. Que son una y la misma cosa. Para acabar con esta moral ilustrada porque si no ésta terminará poniendo fin a la brutalidad monoteísta, estas religiones, la católica en concreto, piden tener libertad. Una institución que es antidemocrática porque es teocrática en su funcionamiento y organización interna y cuyos valores y código de conducta son antidemocráticos, ¿para qué quiere la libertad?

Una iglesia, la Católica, que ha negado toda libertad imponiendo su monopolio de valores asociada al fascismo, asociada al nazismo, asociada al salazarismo, asociada a las monarquías absolutistas, asociada al pinochetismo, asociada al franquismo…etc., tiene la arrogante desvergüenza de exigir “una libertad en exclusiva y especial” para sí, para ella poder seguir imponiendo sus valores con los que minan los fundamentos sobre los que se sostienen los sistemas políticos democráticos: las libertades individuales y los derechos humanos. ¿Nos damos cuenta de que con ese privilegio les abriremos la brecha por la que los gobiernos españoles y nacionalistas acabarán siendo dirigidos desde el Vaticano?

Y entonces la Constitución y los Derechos Humanos qué pintan aquí. ¿Contemplaremos indiferentes la avalancha de la ofensiva contrarrevolucionaria del fundamentalismo religioso hasta quedar idiotizados, enmudecidos y privados de placer o llegará un momento en el que nos movilicemos para defender lo que ahora tenemos: los derechos individuales?

Bien, y si ya somos libres, a cuento de qué esta corporación clerical pide libertad, una libertad especial para ellos. ¿No estarán confundiendo libertad con privilegios?, pero entonces la igualdad de todos ante la ley quiebra en su fundamento democrático, anti-aristocrático y antiautoritario y se restauraría una especie de sociedad privilegiada. Nuestros derechos serían anulados por los derechos de la libertad religiosa. Lo que no pudieron conseguir ni el nazismo ni el franquismo ni tan si quiera los Austrias ¿lo conseguirá la Iglesia Católica con su libertad religiosa, renaciendo así de las cenizas de esos totalitarismos? ¿No es hora de movilizarse?