miércoles, noviembre 25, 2009

Religión y derechos humanos

La libertad religiosa, una amenaza para las libertades y derechos individuales

24/11/09 | por Redacción | Sección: Sociopolítica

por Javier Fisac Seco

Historiador, periodista, creador artístico, caricaturista político…

Siendo la libertad un poder solamente individual: el poder que cada individuo tiene para gobernarse, darse derechos y defenderlos, buscar su propia felicidad y sus placeres, pensar por sí mismo y tomar sus propias decisiones, la idea de dios, en consecuencia, y la misión de las religiones y sus castas dirigentes, es la negación de la libertad. Resulta paradójico, desde la perspectiva de la libertad individual que se ha ido formando ideológicamente, dotando de contenidos humanos e individuales y conquistando en diferentes tiempos históricos y en diferentes países en lucha contra la opresión de los poderes autoritarios y monoteístas, que se presentaban en formas de gobiernos totalitarios, teocráticos, monárquicos y dictatoriales, que ahora, los mismos que gobernaron durante siglos y siguen gobernando en los países teocráticos o dictatoriales, e imponiendo en sus centros educativos en sociedades democráticas una ideología fundamentada en valores antidemocráticos e inconstitucionales, reivindiquen como un derecho para sí, para su institución clerical-corporativa y por tanto enemiga del individuo: la libertad religiosa.

Es la expresión de una nueva ofensiva conservadora, que podemos calificar de fundamentalista, porque amenaza los valores de las constituciones democráticas, contenidos, también, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue rechazada y por eso no fue firmada por la Iglesia Católica como no lo ha sido todavía por los países musulmanes.

Que un derecho que sólo es y sólo puede ser individual, la libertad religiosa, derecho recogido en las constituciones y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como una libre opción de cada individuo por la que puede o no optar cuando sea mayor de edad, sea reivindicado para sí por una organización supra-individual, la corporación clerical católica, no sólo puede ser interpretado como una burla, otra más, de los derechos individuales, sino que es una contradicción tan grave porque es incompatible con los derechos individuales. Incompatible con la libertad individual.

Aún así, el derecho individual a la libertad religiosa está de más entre los demás derechos porque existiendo los derechos a la libertad de opinión y el de la libertad de expresión el ejercicio de éstos ya contiene el de libertad religiosa que no debería estar explicitado. Primero porque es una reminiscencia de la moral monoteísta y de la derecha y en segundo lugar porque la libertad religiosa sólo puede ejercerse a partir de la mayoría de edad y no como un poder religioso, conservador y familiar para imponer a los menores una determinada creencia.

De manera que, en nombre de este derecho no sólo se incumplen todos los demás, sino que en aplicación del mismo se va creando un caparazón ideológico y moral en los niños que les acaba obstruyendo el desarrollo de su potencial capacidad para ejercer los demás derechos. Porque sometidos a la influencia religiosa van desarrollando un carácter autoritario, patriarcal, antifeminista y homófobo que afecta por igual a los chicos que a las chicas. De ahí la paradoja de que miles de mujeres justifiquen su explotación y dominio por el macho.

Si la Iglesia Católica acatara los valores individuales, lo podría hacer de dos sencillas maneras, claro que entonces tendría que autodisolverse porque carecería de razón de ser. En primer lugar, lo primero que tendría que aceptar es que la libertad religiosa es un derecho de cada individuo y que éste es el único que puede decidir si quiere o no quiere creer en algún dios; en segundo lugar tendría que rechazar sus valores porque son la negación de los derechos individuales, de la libertad y de las formas democráticas y populares de gobierno.

Desde sus orígenes la Iglesia católica, y por extensión todas las religiones monoteístas, incluidas las demás iglesias cristianas, han gobernado junto con los poderes dominantes. Los mismos que sometían a los explotados. Han legitimado la explotación del poderoso y la han racionalizado con un sistema de valores que, en nombre de la libertad religiosa, no en nombre de la libertad individual, justifica la explotación como un hecho natural y sin especial importancia porque lo importante no es lo que vivimos sino lo que nos ocurrirá cuando muramos. Porque lo que da sentido último a nuestras vidas no es vivir la vida, nuestra propia vida como única realidad civil y personal, sino vivir la vida preparándonos durante toda ella para la muerte.

No existe mayor fantasía, mayor farsa y mayor desprecio por el ser humano que transformar su vida en un calvario gracias al cual encontrará sentido último a su vida: la muerte. Vivir para morir. El éxtasis del sadomasoquismo. Que se desarrolla en unos valores conocidos como votos: de castidad, de obediencia y de pobreza y que se alcanzan en su más alto grado en la santificación después de ser vírgenes y mártires. Toda una vida de sufrimiento, toda una vida sin conocer el placer sexual, toda una vida de obediencia al superior, toda una vida de exaltación de la pobreza o estado de explotación por la clase dominante hasta alcanzar el éxtasis de la felicidad: la muerte.

Y todo esto, y algo más que ahora desarrollaré, es lo que reivindican cuando en nombre de una concepción de la libertad contra los individuos, la libertad contra la felicidad, la libertad contra la independencia y autonomía personal, la libertad contra los derechos fundamentales del individuo, “su libertad”, reclaman para sí, sin sentido de la vergüenza histórica ni del ridículo, los antiguos amos de la humanidad, las religiones monoteístas: la libertad religiosa. Una libertad que es incompatible con los derechos individuales: con la libertad humana.

Pero esto no sólo resulta indignante por ofensivo a nuestro sistema de valores democráticos sino irritante cuando no reaccionamos frente a la brutalidad de un sistema de valores religiosos que no tienen más finalidad que destruir al individuo como sujeto de derechos privándole de su voluntad, de su capacidad para pensar y decidir por sí mismo mediante el adoctrinamiento al que hemos sido, la especie humana lo ha padecido durante siglos, sometidos. Es irritante que nos parezca “normal” que unas personas con unos valores como la castidad, la obediencia y la pobreza eduquen a las generaciones desde niños hasta la muerte.

Pero cómo puede dejarse la educación de los niños y jóvenes en manos de unas personas que renuncian al placer sexual para perfeccionar su alma, viviendo eternamente reprimidos y amargados/as. Pero cómo puede dejarse la educación de niños y jóvenes en manos de personas que hacen de la obediencia, la renuncia a tener opinión y voluntad propia, de la renuncia a la formación en el espíritu crítico, de la renuncia a fortalecer la formación y personalidad individual, un valor de sumisión irracional al superior. Pero cómo puede dejarse la educación de niños y jóvenes en manos de unas personas que ensalzan la pobreza como estado de perfección porque purifican su alma, que es lo mismo que bendecir la situación de explotación del hombre por los poderosos porque cada cual debe aceptar y someterse a la realidad en la que le ha tocado vivir para que haya paz. La paz de los opresores, claro. Esta es la libertad religiosa: la libertad que se concede a una corporación para acabar con las libertades individuales. La libertad de la ideología totalitaria.

La religión monoteísta es una ideología totalitaria que tiene como finalidad el control de masas al servicio del poder de clase mediante una moral cuyos valores se fundamentan en la negación de la libertad de cada individuo. Que es una ideología totalitaria es fácil de demostrar porque lo dicen sus propios documentos y su concepción teórica del origen del poder. Todo poder viene de dios por lo tanto se rechaza el sufragio universal y las formas democráticas de gobierno. Esto fue así antes de las democracias asamblearias en Grecia y Roma, durante toda la Edad Media y Antiguo Régimen y tras el sobresalto de la Revolución francesa se reencontró y reafirmó en los regímenes totalitarios y las dictaduras militares del siglo XX. Con la orientación ideológica que dieron todos los papas a esta concepción totalitaria de la sociedad y del poder.

Y que siguen dando hasta hoy día por dos sencillas razones: porque no han elaborado ni aprobado, y por lo tanto no han hecho público, ningún documento en el que reconozcan su ideología totalitaria, renuncien a ella y acepten las libertades democráticas y los derechos individuales y al individuo como sujeto de derechos y como fundamento básico y de origen de la sociedad; y porque aún conservan los “diez mandamientos” como fuente de ley de origen divino.

“Mandamientos” que no reconocen ningún derecho a los individuos, sino deberes, dos tipos de deberes; los deberes para con dios y los deberes para con la Iglesia. Lo mismo ocurre con todos los libros sagrados y con los documentos religiosos, incluidas todas las encíclicas, en los que nunca jamás encontraremos una proclamación de derechos individuales. Esto sería tan absurdo para cualquier dios monoteísta como que Franco o Hitler hubieran reconocido derechos a los individuos, porque hubieran reconocido la negación de sus propios valores. La religión monoteísta, la Iglesia Católica, es coherentemente totalitaria, por eso no puede admitir en sus textos ni en sus libros sagrados que existen individuos y que, encima, tengan derechos. Y este sistema de valores totalitarios: castidad, obediencia y pobreza hasta alcanzar la virginidad en el martirio es el que imponen a los niños y jóvenes en los centros educativos que caen bajo sus garras y nos vienen imponiendo en nombre de “su libertad religiosa”. Porque la imposición es el mecanismo de difusión de su dogma y nunca la convicción en libertad. Y para eso quieren la “libertad religiosa” para imponernos su sistema de valores. Un sistema que nos priva de derechos individuales y nos arranca nuestra voluntad porque gracias a él pretenden seguir imponiendo “su voluntad” que no otra cosa es “su libertad religiosa”.

¿No resulta paradójico, irritante e idiotizante que nos parezca la cosa más “normal” del mundo que para alcanzar “el sentido último de la vida”, un sentido que sólo tiene sentido hablando en términos religiosos y por tanto inhumanos, tengamos que compartir unos valores religiosos que son autoritarios, patriarcales, antifeministas y homófobos? ¿Nos parece normal que a los niños y jóvenes se les eduque en estos valores por personas que practican valores tan inhumanos como los votos de castidad, obediencia y pobreza? Y entonces la Constitución y los Derechos Humanos qué pintan aquí.

¿Podemos compartir unos valores que reducen a la mujer a la función de madre-asexuada para que no deje de parir hijos a fin de difundir el poder del clero por la vía del crecimiento demográfico? Niños deliciosos que luego ellos y ellas se encargarán de idiotizar privándoles de voluntad propia gracias a “su libertad” religiosa. ¿Podemos compartir unos valores que presentan el placer sexual como una condena divina y encima sentir sentimiento de culpa por disfrutar con nuestro propio cuerpo y de vergüenza por tener cuerpo y encima disfrutar con él? ¿Podemos compartir unos valores que utilizan la represión sexual para privarnos de nuestra propia voluntad imponiéndonos una voluntad religiosa-clerical que decida por nosotros qué podemos o no podemos hacer con nuestra propia felicidad y nuestro propio placer? Pues para todo esto y mucho más quieren ellos: una aristocracia rancia y clerical tener el privilegio en exclusiva detener “una libertad religiosa”, “su libertad”: una libertad corporativa enemiga desde hace siglos de los derechos individuales. Y entonces la Constitución y los Derechos Humanos qué pintan aquí.

Unos valores que están en contra del matrimonio civil, en contra del divorcio, en contra del aborto, en contra de las relaciones sexuales a cualquier edad, en contra de la homosexualidad, en contra de los anticonceptivos, en contra de la píldora del día después, en contra de la libertad de opinión, en contra de la mujer que no sea madre-asexuada-objeto; en contra de la felicidad; en contra de la separación de la Iglesia y el Estado; en contra de una enseñanza laica, científica, racionalista, humanista e ilustrada… ¡En fin! En contra de que sea cada individuo el que tome sus propias decisiones en un marco de legalidad civil. Y con estos contra-valores antidemocráticos se dedican a la enseñanza, adoctrinando a niños y jóvenes hasta conseguir neurotizarlos. Pero ¿no tenemos ya valores democráticos?

Existen dos sistemas, dos ideologías, dos morales fundamentados en sistemas de valores y de conductas diferentes, antagónicos: la ideología totalitaria de origen monoteísta y la ideología ilustrada de origen humano. La primera ha negado siempre la existencia del individuo como sujeto de derechos y fundamento de la sociedad; en su lugar el fundamento de la sociedad es la familia, la corporación y el municipio; ha negado que el poder tenga un origen humano afirmando que no hay más poder que el que tiene un origen divino; ha reducido a la mujer a la función de madre-asexuada y ha prohibido el placer; la otra moral es la que desde la Ilustración y la Revolución francesa ha afirmado la existencia de individuos y de sus derechos; ha proclamado que el placer es un derecho que debe ser perseguido sin vergüenza ni sentimiento de culpa y que los seres humanos tenemos derecho a la felicidad sin tener que esperar a la muerte, una fantasía brutalmente inhumana, en cuyo nombre pretenden los monoteísmos, y la Iglesia Católica dominarnos para mayor gloria de dios y de ellos. Que son una y la misma cosa. Para acabar con esta moral ilustrada porque si no ésta terminará poniendo fin a la brutalidad monoteísta, estas religiones, la católica en concreto, piden tener libertad. Una institución que es antidemocrática porque es teocrática en su funcionamiento y organización interna y cuyos valores y código de conducta son antidemocráticos, ¿para qué quiere la libertad?

Una iglesia, la Católica, que ha negado toda libertad imponiendo su monopolio de valores asociada al fascismo, asociada al nazismo, asociada al salazarismo, asociada a las monarquías absolutistas, asociada al pinochetismo, asociada al franquismo…etc., tiene la arrogante desvergüenza de exigir “una libertad en exclusiva y especial” para sí, para ella poder seguir imponiendo sus valores con los que minan los fundamentos sobre los que se sostienen los sistemas políticos democráticos: las libertades individuales y los derechos humanos. ¿Nos damos cuenta de que con ese privilegio les abriremos la brecha por la que los gobiernos españoles y nacionalistas acabarán siendo dirigidos desde el Vaticano?

Y entonces la Constitución y los Derechos Humanos qué pintan aquí. ¿Contemplaremos indiferentes la avalancha de la ofensiva contrarrevolucionaria del fundamentalismo religioso hasta quedar idiotizados, enmudecidos y privados de placer o llegará un momento en el que nos movilicemos para defender lo que ahora tenemos: los derechos individuales?

Bien, y si ya somos libres, a cuento de qué esta corporación clerical pide libertad, una libertad especial para ellos. ¿No estarán confundiendo libertad con privilegios?, pero entonces la igualdad de todos ante la ley quiebra en su fundamento democrático, anti-aristocrático y antiautoritario y se restauraría una especie de sociedad privilegiada. Nuestros derechos serían anulados por los derechos de la libertad religiosa. Lo que no pudieron conseguir ni el nazismo ni el franquismo ni tan si quiera los Austrias ¿lo conseguirá la Iglesia Católica con su libertad religiosa, renaciendo así de las cenizas de esos totalitarismos? ¿No es hora de movilizarse?

viernes, noviembre 20, 2009

Fue una batalla contra el centralismo

Un poco de historia: El aislamiento de Santa Cruz

Llega a mis manos un libro publicado en Argentina en el año 1935: "Historia de Santa Cruz de la Sierra", por Enrique de Gandía

Comparto con ustedes un pasaje muy interesante de nuestra historia:

Los kilómetros construidos por la Bolivian Railway Company fueron mil ochocientos y en ellos se gastaron los dos millones de libras entregados por Chile y los cuatro millones de libras que la compañía constructora había depositado como capital. Además, Bolivia hipotecó los ferrocarriles en otros cuatro millones de libras a compañías norteamericanas. Por estos motivos fué materialmente imposible construir el ferrocarril de Cochabamba a Santa Cruz.

Sin embargo, los cruceños no perdieron la esperanza de construir el tan anhelado ferrocarril. Para ello se presentaren leyes destinadas a aumentar los impuestos a las industrias cruceñas y con ellos hacer un fondo, intocable por gobierno, que sirviera de base para reunir los diez millones de libras que se necesitaban para la construcción del ferrocarril.


Desde el año 1917 al 1921 Santa Cruz de la Sierra pagó impuestos hasta la suma de doce millones de pesos bolivianos, o sea, un millón de libras; pero cuando se pensó disponer de ese dinero para gestionar un empréstito y emprender la construcción del ferrocarril, se descubrió que el gobierno boliviano había invertido esos fondos intocables en otros destinos y que sólo se prometía a Santa Cruz la construcción de una carretera que la uniese a Cochabamba.

Estos hechos dieron origen en Santa Cruz a la llamada semana roja.

El día 25 de mayo de 1921 hubo en Santo Cruz una manifestación pública de protesta que se repitió el 29 con mayor efervescencia; pero los sucesos más graves tuvieron lugar los días 5 y 6 de junio en que hubo nuevas manifestaciones de estudiantes y se censuró duramente, en el mismo Concejo Municipal, la política desarrollada por el gobierno. El concejal suplente, Doctor Carmelo Ortíz Taborga, propuso “que en vista de que los representantes cruceños no han tenido el valor necesario para rechazar las ofensas inferidas a Santa Cruz, el H.. Concejo, a nombre del pueblo, les retira su confianza y les pide su renuncia”.


Aprobada y apoyada en parte la moción del Concejal Ortíz Taborga, el pueblo desfiló por las calles en manifestación y echó a vuelo las campanas de las iglesias. El revuelo de las campanas alarmó al prefecto, quien ordenó dispersar la multitud a balazos. El 7 de junio hubo nuevas huelgas estudiantiles, que fueron duramente reprimidas. Por fin el Concejo Municipal, reunido en pleno, presentó al prefecto, para que lo transmitiera telegráficamente al gobierno de Bolivia, el pliego de conclusiones aprobadas por los concejales. Eran estas: Derogatoria de la ley de la carretera; mantenimiento de la ley del ferrocarril; devolución de los fondos malversados; depósito seguro de los mismos en un Banco; convocatoria inmediata a propuestos, y solicitar la renuncia del Rector de la Universidad de Santa Cruz.


En conclusión, todos los ferrocarriles construidos por el estado Boliviano jamás llegaron a Santa Cruz y además los centralistas nos deben dinero...

domingo, noviembre 15, 2009

El poder y la autonomía

El artículo de Rocha muestra:

La impunidad con la que el centralismo manipuló la voluntad del pueblo boliviano en su angurria de poder.

El oportunismo de la nueva clase gubernamental, la que antepone los intereses personales a los intereses del país.

La ausencia de moral en el accionar político del centralismo

El afán por el poder ilimitado es el fundamento de la dictadura.

[Aula Libre]

SI A LA AUTONOMIA PACEÑA

Omar Rocha Rojo

El 6 de diciembre se definirá el futuro autonómico del Departamento de La Paz y los paceños de forma clara, militante y patriótica nos pronunciaremos en las urnas con un SI CONTUNDENTE, a este efecto nos permitimos compartir algunos comentarios y posiciones respecto a dicho proceso.

Verdad Histórica

A propósito de aportar al desarme de las posiciones radicales y violentas de opositores y oficialistas que hicieron del proceso autonómico su bandera para la confrontación y la polarización, poniendo en riesgo el verdadero sentido de la AUTONOMIA, debemos dejar claramente establecida la verdad histórica del surgimiento de esta propuesta ciudadana. Nace como necesidad de legitimar y democratizar las Prefecturas Departamentales hace aproximadamente unos 20 años atrás. Es en el proceso del Dialogo 2000 que los bolivianos y bolivianas imponemos en el debate público que esta instancia de Gobierno a la que denominamos EL NIVEL INTERMEDIO ENTRE ESTADO CENTRAL Y NIVEL MUNICIPAL debe democratizarse eligiendo a los Prefectos y Consejeros Departamentales de forma directa, por cuanto las autoridades designadas a dedo por el Poder Político Central como son las Prefecturas, Sub Prefecturas y Corregimientos, atentaban permanentemente la autonomía municipal, ejecutaban desequilibradamente las competencias municipales y estaban socavando la democracia local. En ese orden alguna gente recoge la idea de Autonomía del modelo autonómico español y lo plantea en su Departamento para identificarlo como tal al proceso de democratización del nivel intermedio. Aquí incluso no hemos tenido la capacidad de imaginar nuestro propio modelo como ocurrió con el municipal, por ej. Estatuto Autonómico y Cartas Orgánicas son fieles copias del modelo español antes señalado; en consecuencia el proceso autonómico es patrimonio de todos los ciudadanos y ciudadanas y no pertenece a ningún político o caudillo en particular.

Los Anti - autonomistas

El Departamento de La Paz NO ES UNA AUTONOMIA DEPARTAMENTAL en la actualidad, por que sencillamente la influencia de los ANTIAUTONOMISTAS se impuso en el referéndum del 2 de Julio del año 2006, ellos tienen nombre y apellido Gobierno – partido oficialista y Movimiento Sin Miedo – MSM. El resultado electoral sobre la Autonomía Paceña fue 71.5 % NO y SI 29.5 %.

La posición anti autonómica del oficialismo era comprensible, nunca estuvieron de acuerdo, pero además los Gobiernos de corte autoritario, son centralistas, no aceptan transferir el poder a los niveles locales, su filosofía es el dominio y control total del poder. Pero el caso del MSM la situación era totalmente diferente, ellos siendo beneficiarios políticos del municipio autónomo de La Paz, le dieron la espalda a la autonomía paceña, fieles a su doble discurso e inmoralidad política, para preservar sus privilegios de aliados del oficialismo rechazaron este proyecto y manifestaron en las urnas su sentimiento anti autonómico diciéndole NO al mismo.

Hoy la realidad es diferente, LOS ANTIAUTONOMISTAS DEL MAS Y DEL MSM se convirtieron. Por cálculos políticos y no por principios toman las banderas del proceso autonómico paceño, pero al final su credibilidad es cero sobre el tema, más aun cuando en el discurso le dicen si y en la práctica, como es de conocimiento público tienen un proyecto de Ley Marco de Autonomías y Descentralización que es totalmente leonino y atentatorio a los principios y valores de las autonomías.

El desafío de los paceños

En esta etapa pre autonómica, nuestro desafío es impedir que los anti autonomistas se apropien de un proceso con el que nunca estuvieron de acuerdo. Somos los ciudadanos y ciudadanas quienes debemos tomar el liderazgo de la autonomía paceña y para ello es necesario manifestarnos públicamente nuestro SI A LA AUTONOMIA PACEÑA, convocar a todos a sumarse al proceso autonómico del departamento, agendar ya en el escenario electoral nuestra posición autonómica diferenciándonos de forma expresa y nítida de la posición e hipocresía del Gobierno y sus aliados.

Una vez que logremos imponer con el Voto en las urnas la autonomía paceña, debemos organizarnos en todos los niveles de la sociedad paceña e iniciar la elaboración de nuestro ESTATUTO AUTONOMICO, que garantice la inclusión de todos y sea producto de una amplia, democrática y abierta participación ciudadana.

POR ESO DEBEMOS DECIR FUERTE Y CLARO EL 6 DE DICIEMBRE: SI A LA AUTONOMIA PACEÑA.

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jueves, noviembre 05, 2009

Federalismo: Solución para Bolivia

Federalismo: un valor sagrado

Federalismo
Pie de foto: Federalismo (swissinfo.ch)

Suiza es un Estado federal y estructurado según el modelo federalista. En este caso, el término federalismo significa que los cantones, en calidad de Estados miembros, disponen de una amplia autonomía.

Desde la creación de Suiza como Estado federal en 1848, el federalismo ha sido siempre uno de los principios básicos de la política estatal y se halla sólidamente anclado en la Constitución.

En Suiza es difícil compartir recuerdos escolares con personas que hayan crecido en un cantón diferente. En un lugar se hablará de 'gimnasio', en otro de 'liceo'. Varía el nombre de las titulaciones, la numeración de los años escolares y hasta la duración de las diferentes etapas de la escuela.

Suiza, Estado federal, cuenta con tantos sistemas escolares como cantones, es decir, 26. A pesar de que se lleva a cabo un constante esfuerzo de armonización, cada cantón se organiza a su voluntad. El sector escolar es sólo un ejemplo que muestra hasta qué punto los cantones (y también los ayuntamientos) gozan de un alto grado de autonomía.

También en el terreno político varían las denominaciones de las instituciones. Por ejemplo, lo que en el cantón de Berna se llama 'Regierunsrat' (gobierno) en Friburgo se denomina 'Staatsrat'.

Gran autonomía

El principio fundamental del federalismo consiste en que los cantones y los ayuntamientos deleguen al nivel superior – el Estado federal- sólo aquellas tareas que no puedan asumir ellos mismos. Por eso Suiza cuenta, por ejemplo, con 26 sistemas de procedimiento penal.

Sin embargo, los problemas originados por este sistema se han convertido, en estos últimos años, en uno de los temas políticos de mayor relevancia. Los adversarios del federalismo critican el "Kantönligeist", es decir, el espíritu de pequeño cantón. Por otro lado, los cantones velan celosamente por sus libertades y prerrogativas. El federalismo es un valor sagrado difícilmente atacable.

La antítesis del Estado central

La palabra federalismo viene del latín "foedus", que remite al concepto de alianza o contrato. Pero es un concepto sin definición fija y unívoca. Puede significar muchas cosas diferentes, como principio de organización del Estado, estilo de acción política o incluso programa político.

Sin embargo, en el lenguaje corriente el federalismo remite principalmente al principio de organización del Estado. Además de Suiza, en Europa hay otros países con constitución federal, como Alemania, Austria y Rusia. Otros son estados centralizados o unificados.

En este caso, los componentes territoriales del Estado son a menudo relegados al papel de meras circunscripciones administrativas, sujetas a las órdenes que emanan del poder central. En comparación con los miembros de un Estado federal, disponen de una autonomía mucho más limitada. Ejemplos europeos típicos de este género de organización son Francia, Italia y Suecia.

El resultado de una guerra civil

El federalismo, en cuanto que principio básico de organización política, se halla perfectamente reflejado en la Constitución suiza. El artículo 3 de la ley fundamental del Estado indica que "los cantones son soberanos mientras su soberanía no venga limitada por la Constitución federal y ejercen todos los derechos, salvo los delegados a la Confederación".

El término federalismo no figura, sin embargo, en ningún artículo de la Constitución. Desde un punto de vista histórico, el federalismo helvético es fruto de las tensiones entre los cantones más liberales, partidarios de una mayor centralización, y de los cantones católico-conservadores, que defendían la autonomía cantonal.

Aquellas tensiones culminaron con la guerra civil de 1847 (Sonderbund) y desembocaron un año después en la creación del Estado federal. La Constitución aprobada en 1848 consiguió equilibrar la voluntad centralizadora de unos y el empeño federalista de los otros. Ese equilibrio es el que garantiza la autonomía e independencia de los cantones.

Reparto de competencias

Pero en ningún caso debe considerarse el federalismo como algo inmutable. Aunque el principio básico permanezca intocable, el reparto de competencias entre Confederación y cantones es objeto permanente de debate. De este modo, las cuestiones relacionadas con el federalismo son un tema recurrente en la vida política suiza.

"Desde la revisión parcial de la Constitución federal en 1874 –escribe el historiador Christian Sonderegger en la publicación "Aktuelle Schweiz"- se observa una constante erosión de la soberanía cantonal". "Hoy –continua el autor- el federalismo se encuentra en peligro y los cantones se ven convertidos, cada vez con más frecuencia, en meros órganos de ejecución de las decisiones tomadas por la Confederación".

Otro tema de debate relacionado con el federalismo tiene que ver con los límites cantorales y la integridad territorial de los cantones. Hasta hoy los suizos se han manifestado siempre contrarios a cualquier tipo de fusión cantonal (la unificación de los cantones de Ginebra y Vaud fue claramente rechazada en votación popular).

Sin embargo, un nivel más bajo, a escala municipal las fusiones están a la orden del día. Queda aún por determinar si esas fusiones comportan obligatoriamente una pérdida de autonomía.

swissinfo